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jueves, 28 de octubre de 2010

AUUUUUUUUUUUU!


 Era el dulce retorno, la patria recobrada, pero mi pensamiento sólo era de dolor por haberla perdido, y mis
ojos apuntaban a la Luna por siempre inalcanzable, buscándola. Y la vi. Estaba allí donde la había dejado,
tendida en una playa justo sobre nuestras cabezas, y no decía nada. Era del color de la Luna; apoyaba el
arpa en su costado, y movía una mano en arpegios lentos y espaciados. Se distinguía bien la forma del
pecho, de los brazos, de las caderas, así como la recuerdo todavía, como aún ahora que la Luna se ha
convertido en ese circulito chato y lejano, sigo buscándola siempre con la mirada, apenas asoma el primer
gajo en el cielo, y cuanto más crece más me imagino que la veo, ella o algo de ella pero sólo ella, en cien,
en mil posturas diversas, ella por la que es Luna la Luna y que encada plenilunio hace aullar a los perros
toda la noche y a mí con ellos. 
Extracto de Las Cosmicomicas de Italo Calvino